Todo acto de racismo,
discriminación, xenofobia e intolerancia vulnera la libertad de la persona.
Erradicar estos males es una tarea conjunta que requiere del esfuerzo de toda
la sociedad.
Existen grupos que son
víctimas de estas prácticas, como el caso de los indígenas, los
afrodescendientes y las personas que por creencias religiosas, preferencias
sexuales, discapacidad, salud, condición económica o edad padecen este tipo
de actos.
Para lograr la convivencia
armónica en nuestra sociedad se requiere el respeto a la diversidad, lo cual
permite contrarrestar los abusos que sufren estos grupos.
Las prácticas más
frecuentes son:
RACISMO:
es una actitud que se basa en la creencia de que existen razas superiores de
seres humanos; también tiene que ver con la afirmación de que la cultura
propia posee valores superiores respecto de otras, criterio que se sustenta en
jerarquizar a los seres humanos de acuerdo con su grupo racial.
DISCRIMINACIÓN:
es toda acción u omisión que tiene por objeto diferenciar o separar para dar
un trato desigual y de inferioridad a una persona o a un grupo de personas,
debido a circunstancias propias o de sus familiares, tales como raza, color,
religión, nacionalidad, etnia, sexo o preferencia por algún grupo
determinado.
XENOFOBIA:
no es otra cosa que el odio o el miedo a los extranjeros o extraños. Tal
hostilidad es propia de los países que hacen alarde de un nacionalismo
extremo.