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Declaración
sobre la raza y los prejuicios raciales (5)
Artículo 3.
Es incompatible con las
exigencias de un orden internacional justo y que garantice el respeto de los
derechos humanos, toda distinción, exclusión, restricción o preferencia
basada en la raza, el color, el origen étnico o nacional, o la intolerancia
religiosa motivada por consideraciones racistas, que destruye o compromete la
igualdad soberana de los Estados y el derecho de los pueblos a la libre
determinación o que limita de un modo arbitrario o discriminatorio el derecho
al desarrollo integral de todos los seres y grupos humanos; este derecho
implica un acceso en plena igualdad a los medios de progreso y de realización
colectiva e individual en un clima de respeto por los valores de la
civilización y las culturas nacionales y universales.
Artículo 4.
1. Toda traba a la libre
realización de los seres humanos y a la libre comunicación entre ellos,
fundada en consideraciones raciales o étnicas es contraria al principio de
igualdad en dignidad y derechos, y es inadmisible.
2. El apartheid es una de las
violaciones más graves de ese principio y, como el genocidio, constituye un
crimen contra la humanidad que perturba gravemente la paz y la seguridad
internacionales.
3. Hay otras políticas y
prácticas de segregación y discriminación raciales que constituyen
crímenes contra la conciencia y la dignidad de la humanidad y pueden crear
tensiones políticas y perturbar gravemente la paz y la seguridad
internacionales.
Artículo 5.
1. La cultura, obra de todos
los seres humanos y patrimonio común de la humanidad, y la educación, en el
sentido más amplio de la palabra, proporcionan a los hombres y a las mujeres
medios cada vez más eficaces de adaptación, que no sólo les permiten
afirmar que nacen iguales en dignidad y derechos, sino también reconocer que
deben respetar el derecho de todos los grupos humanos a la identidad cultural
y al desarrollo de su propia vida cultural en el marco nacional e
internacional, en la inteligencia de que corresponde a cada grupo el decidir
con toda libertad si desea mantener y, llegado el caso, adaptar o enriquecer
los valores que considere esenciales para su identidad.
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