En los albores de un nuevo
siglo, creemos que toda sociedad debe plantearse algunas preguntas. ¿Es ésta
suficientemente integradora? ¿Está en ella excluida la discriminación?
¿Son sus normas de comportamiento conformes con los principios consagrados en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
No han desaparecido el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de
intolerancia. Reconocemos que aún persisten en el nuevo siglo, y su
persistencia está enraizada en el temor: temor a lo diferente, temor del uno
al otro, temor a la pérdida de la seguridad personal. Al mismo tiempo que
reconocemos que el temor humano es en sí mismo imposible de erradicar,
estamos convencidos de que sus consecuencias sí pueden ser erradicadas.
Todos los seres humanos
constituimos una sola familia. Esta verdad ha quedado evidentemente
establecida tras la primera descripción completa del genoma humano, un logro
extraordinario que no sólo reafirma nuestra humanidad común; sino que
promete transformaciones en el pensamiento y en las prácticas científicas,
así como en las aspiraciones que para sí puede abrigar nuestra especie. Esto
nos alienta hacia el pleno ejercicio de nuestro espíritu humano, hacia un
nuevo despertar de todas las capacidades inventivas, creativas, y morales,
realzando la participación equitativa de hombres y mujeres. Solo entonces, el
siglo veintiuno podría ser una era de logros genuinos y de paz.
Debemos esforzarnos por tener
presente esta gran posibilidad. En vez de permitir que la diversidad de razas
y culturas se convierta en un factor limitativo del intercambio y del
desarrollo humano, demos una nueva orientación a nuestro entendimiento,
distingamos en esta diversidad el potencial que nos lleve al enriquecimiento
mutuo, y aceptando que es este intercambio entre las grandes tradiciones de la
espiritualidad humana, el que nos ofrece las mejores perspectivas para la
pervivencia de nuestro propio espíritu. Durante mucho tiempo esta diversidad
ha sido tomada como una amenaza y no como un don. También, muy a menudo,
dicha amenaza ha sido expresada en el menosprecio y el conflicto racial, en la
exclusión, la discriminación y la intolerancia.