por Karla Miranda &
Héctor Chavarría
Una vez andábamos en
Tepito... en nuestras andanzas en tianguis y... bueno esas cosas de la
diversidad.
El naco en turno aventó el
albur...
Bueno... no importa cuál
albur, pero se trataba como ya imaginarán de fornicar al otro, ya
saben los machos suelen ser los dominantes, bueno eso creen... pero resulta
que quien deseaba fornicarse al otro era un machín. O sea...
El decirle al otro: te
ensarté güey el machito mexicano se sentía muy machooooooote.
Una chida expresión de hombría... pero bueno, le dije a Karla: obvio esos
dos son jotos, o sea, ¿no?, si un hombre le tira esa onda a otro hombre,
bueno deben ser homosexuales, lo cual está muy bien, ni quien se enoje, es su
rollo... pero el albur mexicatl es otra cosa porque comienza con un equívoco.
Y AQUÍ
COMIENZA ESTA HISTORIA.
Karla es una bella niña
(algo ruda, pero muy chida, y yo me siento muy bien andando con ella en sitios
espesos, aunque eso es otra historia); ella piensa al respecto:
"que son chingaderas (sin miedo a la palabra, lean a Paz), que los
machos aquí (en esta especie de país) critiquen a los jotos mientras
de paso se quieran acostar con otros machos, y no para dormir... los jotos,
por cierto una palabra, más bien adjetivo, que en México indica
afeminamiento... pensamos que por la jota de la baraja, el joker
(guasón) que indica al comodín y suele ser presentado muy coqueto,
pero seguimos buscando... saben muy bien lo que quieren pero los machos
parecen andar un poco confundidos, lo cual no es noticia; si dejara a la dulce
Karla decir lo que piensa... bueno la censura panista estaría en problemas.
Pero neta ¿analizamos
el albur mexicatl?
Nosotros decimos que es un
rollo homosexual (homo=mismo. sexual=¿necesita definición?), porque
la premisa básica del albur es de un juego de "ingenio" en el cual
una persona "somete" a otra en lo que se supone sería una suerte de
dominación sexual, mientras el asunto se haga como un juego entre parejas con
roles definidos puede resultar divertido y hasta ingenioso, lo patético es
cuando el juego se hace entre dos hombres supuestamente heteros, bugas,
machines... que es lo que se acostumbra en Mexiquín.
Eso es lo ridículo de la
situación.
Se supone que los heteros se
especializan en las personas del otro sexo, eso es obvio, pero si arremeten
contra una persona de su mismo sexo, aunque sea como un simple juego entonces
la cosa cambia.
El macho alburero buscará
ser el penetrador, de otro igual (¿?) de macho que él, y si gana
el juego se sentirá muy satisfecho, dominador. Nomás que estará
mostrándose tan jotito como el que más.