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SÍ, PERO... ¿SERÁ QUE ES VERDAD? (2)

Los oficiales del Vaticano que han publicado este documento evidentemente piensan que el movimiento hacia propuestas legislativas para uniones civiles o matrimonios entre personas del mismo sexo es una señal de que estamos encaminándonos derechito al infierno. Y la única respuesta que es digna de nosotros no es enardecernos por su tono, su estilo y así por delante, sino tan sencillamente preguntar: "Sí, pero... ¿será que es verdad?".

De modo que es esto lo que me gustaría hacer con Uds ahora. ¿Será que es verdad? En primer lugar, la intervención del Vaticano no contiene, como lo reconocen sus autores, ningún punto nuevo de doctrina. Es una intervención enteramente lógica, que comienza a partir de una conocida posición a priori. Es ésta la convicción de las congregaciones romanas de que la gente gay y lésbica no existe como tal, o sea, como clase. Tan sólo existen personas heterosexuales individualmente defectuosas con una tendencia más o menos fuerte hacia ciertos actos considerados gravemente inmorales. Si uno comienza desde este punto de partida, la posición de la intervención es enteramente lógica y correcta. Si no existiese semejante cosa como una clase de gente gay o lésbica, entonces, por supuesto, cualquier legislación que tendiera a tratar a las personas que viven de tal modo engañadas que han llegado a pensar que son tales personas, como sí verdaderamente fuesen tales personas, sería una forma de halagar y agravar la locura, y representaría una amenaza social grave.

Por ejemplo, el mero hecho de que un grupo de motoristas algo dados a la bebida alcohólica formase un lobby para exigir permisos de conducir especialmente elásticos, y leyes sobre la velocidad propias para su grupo, no significaría que exista una clase de gente llamada de "motoristas alcoholizados" con derechos y responsabilidades especiales. Todos estaríamos de acuerdo en tratar a motoristas alcoholizados como motoristas sobrios defectuousos, y todos estaríamos de acuerdo en que, los legisladores, al mismo tiempo que se dirigen a tales motoristas de forma compasiva, más bien que hacerles la vida más permisiva, tienen el deber de mantener la estricta ilegalidad de lo que quieren hacer, y proteger a la sociedad de las consecuencias de sus inclinaciones.

De forma que, la única pregunta relevante es la siguiente: "¿Es verdad que las personas gay y lésbicas son heterosexuales defectuosos?" Según nuestra respuesta a esta pregunta todo lo demás sigue. Por mi parte, e imagino que por parte de todos nosotros reunidos aquí, doy por sentado que no es verdad. Más bien estamos descubriendo que sí existe una cosa que es el ser gay o lesbiana, en sí un asunto de poca trascendencia, algo que es capaz o bien de florecer de manera propiamente humana, o bien de una corrupción deshumanizadora. Puedes ser un hombre gay bueno, o un hombre gay malo, pero no es el hecho que seas gay, sino tu manera de vivir tu vida, incluyendo tu manera de desarrollar y de ejercer tu ser gay, la que determinará tu bondad o tu maldad. En esto estoy sencillamente en desacuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe con respecto a una cuestión sobre la verdad de las cosas.

Me gustaría señalar como es que todo el resto del documento fluye desde el mismo lugar de partida. Las observaciones con respecto al bien común de la sociedad humana no tienen ninguna pretensión de ser deducciones razonadas surgidas de las evidencias de lo que hemos aprendido en los lugares donde los matrimonios o uniones civiles entre personas del mismo sexo tienen una reciente trayectoria histórica capaz de ser estudiada. Estas observaciones son más bien las consecuencias necesarias de la presuposición original: Desde que sus protagonistas serían heterosexuales defectuosos y auto-engañados, las uniones civiles entre personas del mismo sexo no pueden contribuir al bien común o ayudar en la edificación de una sociedad propiamente humana.

Existe en el documento un solo lugar donde, curiosamente, se hace referencia a la experiencia, a hechos empíricamente medibles o mensurables. Digo "curiosamente" puesto que, a pesar del hecho de que la evidencia de la experiencia es absolutamente imprescindible para cualquier argumento real basado en la "ley natural", es muy poco común que el Vaticano apele a tal experiencia en sus documentos en esta esfera:

Como demuestra la experiencia, la ausencia de la bipolaridad sexual crea obstáculos al desarrollo normal de los niños eventualmente integrados en estas uniones. A éstos les falta la experiencia de la maternidad o de la paternidad. La integración de niños en las uniones homosexuales a través de la adopción significa someterlos de hecho a violencias de distintos órdenes, aprovechándose de la débil condición de los pequeños, para introducirlos en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano[2].


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