Los oficiales del Vaticano
que han publicado este documento evidentemente piensan que el movimiento hacia
propuestas legislativas para uniones civiles o matrimonios entre personas del
mismo sexo es una señal de que estamos encaminándonos derechito al infierno.
Y la única respuesta que es digna de nosotros no es enardecernos por su tono,
su estilo y así por delante, sino tan sencillamente preguntar: "Sí,
pero... ¿será que es verdad?".
De modo que es esto lo que me
gustaría hacer con Uds ahora. ¿Será que es verdad? En primer lugar, la
intervención del Vaticano no contiene, como lo reconocen sus autores, ningún
punto nuevo de doctrina. Es una intervención enteramente lógica, que
comienza a partir de una conocida posición a priori. Es ésta la
convicción de las congregaciones romanas de que la gente gay y lésbica no
existe como tal, o sea, como clase. Tan sólo existen personas heterosexuales
individualmente defectuosas con una tendencia más o menos fuerte hacia
ciertos actos considerados gravemente inmorales. Si uno comienza desde este
punto de partida, la posición de la intervención es enteramente lógica y
correcta. Si no existiese semejante cosa como una clase de gente gay o
lésbica, entonces, por supuesto, cualquier legislación que tendiera a tratar
a las personas que viven de tal modo engañadas que han llegado a pensar que
son tales personas, como sí verdaderamente fuesen tales personas, sería una
forma de halagar y agravar la locura, y representaría una amenaza social
grave.
Por ejemplo, el mero hecho de
que un grupo de motoristas algo dados a la bebida alcohólica formase un lobby
para exigir permisos de conducir especialmente elásticos, y leyes sobre la
velocidad propias para su grupo, no significaría que exista una clase de
gente llamada de "motoristas alcoholizados" con derechos y
responsabilidades especiales. Todos estaríamos de acuerdo en tratar a
motoristas alcoholizados como motoristas sobrios defectuousos, y todos
estaríamos de acuerdo en que, los legisladores, al mismo tiempo que se
dirigen a tales motoristas de forma compasiva, más bien que hacerles la vida
más permisiva, tienen el deber de mantener la estricta ilegalidad de lo que
quieren hacer, y proteger a la sociedad de las consecuencias de sus
inclinaciones.
De forma que, la única
pregunta relevante es la siguiente: "¿Es verdad que las personas gay y
lésbicas son heterosexuales defectuosos?" Según nuestra respuesta a
esta pregunta todo lo demás sigue. Por mi parte, e imagino que por parte de
todos nosotros reunidos aquí, doy por sentado que no es verdad. Más bien
estamos descubriendo que sí existe una cosa que es el ser gay o lesbiana, en
sí un asunto de poca trascendencia, algo que es capaz o bien de florecer de
manera propiamente humana, o bien de una corrupción deshumanizadora. Puedes
ser un hombre gay bueno, o un hombre gay malo, pero no es el hecho que seas
gay, sino tu manera de vivir tu vida, incluyendo tu manera de desarrollar y de
ejercer tu ser gay, la que determinará tu bondad o tu maldad. En esto estoy
sencillamente en desacuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe con
respecto a una cuestión sobre la verdad de las cosas.
Me gustaría señalar como es
que todo el resto del documento fluye desde el mismo lugar de partida. Las
observaciones con respecto al bien común de la sociedad humana no tienen
ninguna pretensión de ser deducciones razonadas surgidas de las evidencias de
lo que hemos aprendido en los lugares donde los matrimonios o uniones civiles
entre personas del mismo sexo tienen una reciente trayectoria histórica capaz
de ser estudiada. Estas observaciones son más bien las consecuencias
necesarias de la presuposición original: Desde que sus protagonistas serían
heterosexuales defectuosos y auto-engañados, las uniones civiles entre
personas del mismo sexo no pueden contribuir al bien común o ayudar en la
edificación de una sociedad propiamente humana.
Existe en el documento un
solo lugar donde, curiosamente, se hace referencia a la experiencia, a hechos
empíricamente medibles o mensurables. Digo "curiosamente" puesto
que, a pesar del hecho de que la evidencia de la experiencia es absolutamente
imprescindible para cualquier argumento real basado en la "ley natural",
es muy poco común que el Vaticano apele a tal experiencia en sus documentos
en esta esfera:
Como demuestra la
experiencia, la ausencia de la bipolaridad sexual crea obstáculos al
desarrollo normal de los niños eventualmente integrados en estas uniones. A
éstos les falta la experiencia de la maternidad o de la paternidad. La
integración de niños en las uniones homosexuales a través de la adopción
significa someterlos de hecho a violencias de distintos órdenes,
aprovechándose de la débil condición de los pequeños, para introducirlos
en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano[2].