por Sofía Iglesias
"No es algo para que
alguien lo haga a los cuarenta y tantos, alguien que ha tenido una vida
como hombre, --- Si tienes 18 o 20 y nunca tuviste la clase de (ventajas)
que yo tuve, y estás orientado en esa dirección, claro, sigue adelante y
corrige lo que la naturaleza hizo mal. Pero si eres un hombre de 45 años
y eres piloto de una aerolínea, con una ex mujer y tres chicos
adolescentes, es mejor que tomes Torazina o Zoloft o Prozac, o hagas que
te encierren o hagas cualquier otra cosa que te impida hacer algo como
esto."
Renée Richards (AP, Feb
1999)
Quien ha dicho esto es nada
menos que Richard Radley, el destacado Oftalmólogo norteamericano que en los
70 decidió cambiar su estatus a Renée Richards. Tenista destacada, que
siguió ejerciendo la profesión médica, entrenadora de Martina Navratilova,
y cuyas experiencias quedaron registradas en su libro autobiográfico
"Second Serve" que posteriormente fue llevado a la pantalla en una
película para la televisión con Vanessa Redgrave en el papel principal. Pero
lo más importante, fue sin duda la batalla legal que públicamente llevó a
cabo para que se le reconociese como mujer en todos los ámbitos, incluso en
el biológico, donde se le cuestionaba profundamente su participación en
torneos deportivos femeninos. Este proceso jurídico fue ampliamente difundido
y la victoria de Renée sentó un precedente legal de carácter histórico en
la jurisprudencia estadounidense. ¿Qué fue lo que ocurrió entonces? ¿Cómo
es posible que ahora escuchemos estos comentarios tan amargos? Algo salta a la
vista, Renée Richards no encontró satisfacción en su nueva vida.
Podemos especular ampliamente
sobre las razones que llevaron a Renée a esta posición. ¿Esperaba encontrar
el amor y este no apareció jamás? ¿Fueron insoportables las burlas y la
sobreexposición social? ¿ O quizás sus motivaciones solo eran las de un
intenso travesti? Lynn Conway, de cuyo espacio Web tomé estas declaraciones
(ver aquí) hace hincapié,
entre otros motivos, en que los intensos rasgos masculinos del rostro de Renée
pudieron ser un factor que le impidieron ser tratada como ella lo esperaba, y
que le molestaba el hecho de que se le consideraba más un transexual que una
mujer. Me imagino que algunas de las compañeras que amablemente leen estas
líneas están arriscando las cejas ante esta última afirmación. No es mi
intención discutir este punto y les invito a que tomemos otro derrotero.
Anteriormente decía que la especulación sobre los motivos de Renée podría
ser muy amplia y pienso que a no ser que tuviéramos todos los datos
disponibles y el entrenamiento adecuado nunca llegaríamos a un resultado
concluyente, y sobre todo, que fuera de utilidad general. No obstante, me
parece que hay mucho de rescatable y una gran enseñanza en las líneas
generales de este proceso.