Hasta principios del siglo XX, no faltaban los investigadores que
buscaban respuesta a su pregunta: ¿Qué causa que alguna
gente se desvíe del bueno, normal y sano camino
heterosexual? La sexología científica descriptiva, a mediados
del siglo XX dio una explicación final al resonante fracaso de las
respuestas que se intentaron a esa pregunta: el problema de
investigación estaba mal planteado. La sexología
contemporánea considera válido investigar sobre las causa que
determinan la orientación sexual humana. Se dieron cuenta de
que la ciencia ignoraba todo acerca de la causa de la
heterosexualidad, igual que de la homosexualidad. Desde 1973
las autoridades máximas en salud mental borraron
definitivamente a la homosexualidad de la lista de
enfermedades mentales.
¿Y qué decir de la bisexualidad, que antes era inconcebible?
¿por qué tardaron los investigadores tantos años en percatarse
de que una persona atraída sentimental y eróticamente por
otras personas, independientemente de su género, no era un
indeciso, sino que esa era su orientación?
Heterosexual: estoy en el centro del universo
La mayoría de las personas que aman a los del género
diferente al suyo ni se imaginan que existe una palabra que los
describe. De hecho, la palabra heterosexual no se usa mucho,
e incluso resulta de mal gusto. ¿Qué necesidad hay de etiquetar
algo que se espera que todos seamos? Generalmente, las
etiquetas se reservan para quienes son vistos como diferentes,
defectuosos o raros. Quienes no se sienten especiales
generalmente no aceptan otra etiqueta que no sea la palabra
normales. Son 'como hay que ser' (¿según quién?). Nadie llega
y te presenta con su tía, en una comida familiar: Te presento a
mi tía Estela, es una buena cocinera heterosexual.
Siempre inventamos mil apodos para endilgárselos a los que
no son como nosotros, pero si uno está en el centro del
universo ¿para qué buscarse nombres? ¡A los diferentes es a
quienes señalamos y les colgamos letreros!: joto, leandro,
mariquita, lilo, mampo, le-gusta-el-arroz-con-popote,
marimacho, cachaperas, maflora, cachagranizo, choto,
hidrocanoico (le-hace-agua-la-canoa), etc. son algunas de las
palabras apropiadas al efecto. ¿Qué es ser normal? ¡Pues no
caer en la descripción de ninguno de esos letreros! ¿A poco no
hay otra definición de normal?
Si te sientes muy orgulloso por vivir en el centro del universo
heterosexual, tal vez te serviría preguntarte lo siguiente: ¿y tú
crees que una persona es de verdad mejor que otra, solamente
por el lugar en el que vive? ¿es mejor persona alguien solo por
pasar desapercibido entre los del montón?
Es difícil ubicarnos en la realidad
Uno siempre es el muchacho chicho de la película de su vida.
Uno siempre es la persona buena y agradable, y los demás son
los pérfidos, mal rollo y gente infame. Parece que creerse algo
así es necesario para funcionar, como nos han enseñado a
hacerlo.
Dice Abraham Maslow que hay dos necesidades humanas
básicas: seguridad y crecimiento. Todos necesitamos sentirnos
seguros y aceptados por los demás, pero si solamente nos
dedicamos a pasar desapercibidos en el montón, nunca
podríamos crecer humanamente. Crecer es tan necesario como
respirar, pero es frecuentemente un proceso doloroso. Para
avanzar en nuestro crecimiento personal debemos encontrar
renovadas fuentes de seguradidad en nuestro camino.
Asumir algo desagradable de nosotros mismos puede ser
difícil, pero a veces puede resultar indispensable hacerlo para
crecer. Sucede así con cualquier asunto que nos acerque a
etiquetarnos con un letrero valorado negativamente.
Particularmente, darse cuenta de que en lo más profundo de
nuestra personalidad existe una gran atracción hacia quienes
son de nuestro mismo género, amenaza todo lo que
esperamos "y esperan los demás" de nosotros mismos. Puede
ser difícil aceptarnos debido a que ser vistos como integrantes
de un colectivo social señalado negativamente (=estigmatizado)
nos quita privilegios y nos expone a la ironía, rechazo y, en
casos extremos, a situaciones de violencia.