"A nosotros no nos hacen
caso, nos mandan a jugar con los amigos o nos dicen que están cansados y si
para que hagan caso hace falta una ley que los obligue, pues hacemos una ley y
santo remedio", afirmo uno de los pequeños legisladores, cosa que hizo
agachar a cabeza a más de uno en el recinto parlamentario.
La creencia de que los niños
deben ser tratados como adultos, fue otro mito caído en este Primer
Parlamento: "Somos niños, tenemos 10 años, queremos ser tratados como
eso, no como adultos, ni como retrasados mentales".
Las actividades daban
comienzo a las 5 de la mañana, hora en que los niños se despertaban, para
estar puntuales en el Congreso a las 8 horas y terminar su jornada hasta las
19:00 horas, luego continuaban con actividades recreativas preparadas por el
Congreso de la Unión y la Secretaría de Educación Pública. Con este
horario, los niños terminaron dormidos en sus curules. Les molestó verse en
el canal 40 de televisión dormidos "¿Y quién no se duerme con estos
horarios?", era su argumento.
Los niños instalaron su
parlamento, fueron divididos en fracciones parlamentarias de colores y
trabajaron en sus respectivas comisiones. Apoyados por personal del Congreso,
los niños plantearon varias problemáticas hasta que eligieron tres para
trabajar y darles solución.
Pero decirlo así suena
fácil, la realidad fue diferente: ese personal del Congreso se hubiera
lanzado alegremente por la ventana de la desesperación. Pensaron que sería
fácil controlar a los niños, pero ellos estaban en una postura muy
diferente: fueron a ser escuchados e hicieron valer su derecho, así que por
más que les decían que discutir si un videojuego es un medio de
comunicación o no, les quitaría tiempo, no hubo manera de convencerlos,
siguieron hasta aclarar sus dudas y expresar todos los comentarios que les dio
la gana.
Desde Baja California hasta
Yucatán, los niños fueron mezclados en mesas de trabajo, dándose cuenta
muchos que sus problemáticas son similares a pesar de la distancia.
Trabajaron con orden, con respeto a las ideas ajenas, destacaron los que
tenían miedo a hablar en la Tribuna y quienes lo hacían casi a gritos.
El viaje para muchos, fue sin
duda una experiencia en sí mismo, porque muchos niños provienen de
comunidades rurales del país, de donde nunca habían salido y veían en cada
edificio del Distrito Federal, a la torre Latinoamericana.
La sorpresa del viaje fue la
visita a Los Pinos, para conocer al Presidente Vicente Fox y a Martha Saghún,
luego, la desilusión de darse cuenta que sólo la primera dama los recibiría
y a quien pronto dejaron de poner atención cuando vieron a una actriz
infantil de televisión que conducía la ceremonia.
Al salir al patio a tomarse
la foto, el Presidente Fox, casi en pantuflas, sin peinar y con una faja en
la cintura salió a instancias de su mujer, para saludar a los niños. El
Presidente se portó amable, sonriente y el Estado Mayor Presidencial hizo
gala -como siempre- de fuerza bruta con los adultos, pero tuvo que tragar
camote con los niños porque el mismo Presidente les prohibió tocarlos, aún
cuando estuvieron a punto de tumbarlo por quererlo saludar.
De esta forma se les terminó
el viaje. En una gala de la clásica inocencia infantil, los niños volvieron
a sus estados satisfechos de haber trabajado por su país, de haber aportado
"algo" bueno para el mundo, para México, como una pequeña de
comunidad rural, que dijo querer ser "soldada" para luchar por su
país cuando haga falta.