Desde hace ya un tiempo, al
platicar en la red con una persona, siempre aclaro que soy una persona del
genero femenino, una mujer transexual (ts), un ser que durante años vivió el
conflicto de tener un cuerpo masculino y una mente del sexo contrario. Esto
generalmente causa sorpresa, curiosidad, rechazo y, en ocasiones, aceptación.
Resulta interesante ver cómo
se disparan los mecanismos de defensa sociales con que hemos sido educad@s: la
imaginación toma el lugar de la razón y se inicia una serie de
cuestionamientos que transitan desde las posiciones intolerantes y ridículas
a la mas amable actitud y valiente aplauso, de la aberrante excomunión, a la
bien entendida inserción dentro de la sociedad poli cromática.
Por lo general establezco una
diferenciación entre transexual, travestí, y homosexual, terreno en el cual
existen muchas confusiones.
Soy una persona común, una
historia con errores y aciertos. Tengo un pasado familiar, antecedentes
escolares, ansiedades, tristezas, depresiones, búsquedas personales,
angustias, breves momentos de anestesia provocados por alcohol y drogas, y el
gran dolor que me provocaba siempre la gran pregunta, ¿quién soy, que soy?.
El día de hoy, trabajo como
profesionista para una empresa, socialmente me desenvuelvo como cualquier
mujer, cuido y mantengo mi hogar, en ocasiones salgo y como en restaurantes
con compañeras y amigas y en otras, nos reunimos para tomar el café y
platicar, Dentro de mi medio urbano tengo un empleo, pago impuestos, consumo
lo que los mercados locales ofrecen, tengo un número de seguro social, y lo
mas importante, estoy en paz con mi identidad.
Me hechiza observar cómo
cambian las mentes al desbordarse la imaginación y ver cómo se mezclan la
ignorancia con los alucinaciones y los prejuicios.
Ciertas personas se alejan
diciendo: "Dios te ha de castigar, joto".
Hay quienes al pretender
entenderlo me exponen sus deseos ocultos y creen haber encontrado un cómplice
para sus fantasías sexuales.