Hola, soy Tania y quiero
compartir contigo un cachito de mi vida.... ah...
Desde que estaba chica me di
cuenta que yo no era como los niños y niñas de mi edad. Mi mamá y mi papá
me decían que era hombre pero yo no me sentía así. Yo tenía la idea de que
al crecer iba a ser una chava normal.
Cuando entré a la primaria
me explicaron los caracteres sexuales primarios y secundarios y aunque
entendía yo lo que me decían y me daban argumentos que en ese momento eran
contundentes yo me aferraba a mi idea en el fondo, aunque por la presión
familiar y social me fui reprimiendo e intenté ser el hombre que se suponía
debía ser. Me fui aislando del mundo. No hablaba con nadie y siempre me
sentía triste. Los compañeros de la escuela ni me hablaban ni me
interesaban.
Un día conocí a una amiga
que marcó mi vida. Yo le contaba mi sentir y ella me decía que estaba bien,
que luchara por alcanzar mi sueño y lo volviera realidad. Ella es Gloria
Trevi. Siempre me dio ánimos para hacerlo pero yo en mi tontería y mi
cerrazón lloraba y me quejaba pero no hacía nada para solucionarlo.
En la secundaria ya me
llevaba un poco más con la gente y trataba de comportarme como un tipo más.
Intenté ser lo que socialmente debía ser, sin éxito. Nunca me interesó
jugar basket o la selección de fútbol o tener novia ni nada de eso. Era una
secundaria para pura gente reprobada y rechazada de otras por lo que a nadie
le importaba la vida de nadie. El principal obstáculo que tenía en frente
era yo misma.
Me negaba a ser un joto.
¿Qué se diría de mi y mi familia? ¿Qué sentirían ellos? ¡Que
vergüenza! Me aferraba más y más a la idea de ser un hombre y entré a
practicar lucha libre que desde siempre me había gustado. Se me ocurrió que
si tenía el cuerpo y la vida de un luchador profesional me iba a olvidar de
mis pendejadas y sería un hombre feliz y realizado.
Pero no fue así. Entrenaba
varias horas al día. Llegó el día que debuté profesionalmente y fue como
una droga al momento de estar allá arriba por primera vez en mi vida me
sentí feliz: el público, ese ambiente y la sensación de estar ahí me
encantó. Pero al bajar y caminar por el pasillo de regreso mi vida volvió a
ser triste y gris.