Durante los inicios de la
adolescencia un compañero de clases estaba haciendo un chiste en el que
movió la mano simulando una masturbación. Hasta entonces yo sólo había
tenido sueños húmedos, pero nunca me había masturbado. Llegando a casa
repetí el mismo movimiento que él hacía y logré la auto satisfacción. A
partir de entonces empecé a masturbarme compulsivamente, en el baño, por las
noches en la recámara y, tiempo después, siendo ya adulto, en el trabajo y
en baños públicos.
No estoy en contra de la auto
satisfacción, por el contrario, pienso que realizada de una manera adecuada
se constituye en una exploración para conocerse a uno mismo, saber qué es lo
que me gusta y que es lo que no me gusta durante el sexo, para después
compartirlo con mi pareja. Pero parara mí se volvió una fuga de mi
aislamiento, de mi bajo rendimiento escolar y de mi malestar por ser
"raro". Después de masturbarme me venían los cargos de conciencia
y la eyaculación durante mucho tiempo fue algo que me producía dolor físico
y no un placer en sí, era como si me castigara por lo que había hecho.
También fue durante la
adolescencia que me hice novio de una chica. Esa relación duró casi cinco
años. Qué sufrimiento representó seguir esa farsa durante todo ese tiempo.
Las idas al cine, los besos, las llamadas por teléfono, seguir el patrón por
el cual se supone debía regirme. Los llantos de ella por mi desinterés, por
mis enojos. Siempre que la relación se volvía intolerable y que se
aproximaba una ruptura, veía la forma de convencerla de que continuáramos.
Siempre tenía las palabras precisas para eso, después de todo, ¿quién sino
un homosexual para saber lo que quiere escuchar una mujer de un hombre? Mi
egoísmo, mi falta de honestidad y mi necedad por cambiar las cosas me llevó
a utilizar a otra persona que me quería sinceramente y a veces me preguntó
cómo fue que ni ella ni las otras llegaron a odiarme. En mi inconsciencia por
no aceptarme como homosexual adopté comportamientos que me produjeron
sufrimiento.
Otro hecho importante durante
mi adolescencia fue la muerte de mi hermano en un accidente. El haber estado
con él en los últimos momentos y no haber podido ayudarlo me generó otro
cargo de conciencia. Empecé a detestar verdaderamente a mi padre, después de
todo él era mayor que yo y estaba ahí para protegernos. Cómo era posible
que hubiera sido tan descuidado, que no hubiera hecho hasta lo imposible por
salvar a mi hermano. El distanciamiento hacia él empezó a crecer.