Para seleccionar la
profesión consideré una que fuera agradable a los ojos de mi madre aunque me
hubiera gustado estudiar otra cosa. Pero en fin, de algún modo tenía que
pagar yo por su sufrimiento.
De esta etapa me queda claro
que al no aceptar el dolor hice cosas que me causaron sufrimiento y lastimaron
a otros. El dolor era auténtico, pero el sufrimiento me lo regalaba yo cada
que podía al hacer hasta lo imposible por cubrir el dolor.
Durante mi etapa de adulto
joven conseguí trabajo y empecé a conocer más gente, a relacionarme con
personas distintas a mí. Cuando se tocaba el punto de la novia en el trabajo,
por supuesto que yo tenía novia, y claro que la quería mucho. Siempre me
inventaba de alguna u otra forma una relación. Qué complicaciones me creaba
después porque ya no sabía a quién le había dicho que mentira.
Empezó también a
manifestarse en mí un amor increíble hacia el dinero. Sabía que eso de que
si tienes vales no es cierto, pero ¿lo sentía sinceramente? Cambiaba de
trabajo constantemente, siempre pensando en ganar más. Mi incapacidad para
aceptar la frustración cuando algo no salía como yo quería me llevaba a
despreciar el trabajo de ese momento y a buscar otro. Nunca me quedé para ver
que era lo que no estaba haciendo bien. Los culpables de todo siempre fueron
los demás. Y entre cambio y cambio aprovechaba para reprocharle sutilmente a
mamá el que hubiera estudiado algo que no me gustaba y que por eso no podía
tener estabilidad en el trabajo. Reflexionando sobre mi situación, logré que
cada dos años se duplicaran mis entradas, tenía dinero, entonces, ¿por qué
no lograba ser feliz? Ningún dinero me alcanzó para comprar mi autoestima.
Ningún dinero alcanzó tampoco para pagar las culpas que sentía con aquellos
que me rodeaban y a quienes sentía que les estaba fallando. Se creó un
círculo vicioso: tienes relaciones homosexuales- compensa a mamá y papá
comprando algo- te sientes utilizado por mamá y papá venga la lluvia de
reproches- estás solo, busca afecto, ten nuevas relaciones sexuales.
Por aquel entonces tuve mi
primera relación duradera. Fue con otra persona que al igual que yo tenía
problemas para relacionarse con su familia. Sin embargo, tenía algo que a mí
me atraía. Lo que en mi experiencia personal más me atraía de una persona
era lo que tenía o pensaba que tenía y a mí me hubiera gustado tener. La
relación se vino abajo cuando me di cuenta de que lo que yo pensé no
cuadraba con la realidad.